Test de personalidad

Treinta y dos escenas cotidianas para ver cómo te mueves entre cuatro escalas. Al final verás qué letras salen con firmeza y cuáles admiten matices.

≈6 min Preguntas: 32

A cream-colored alpaca sniffing baskets of wool skeins in a sunlit conservatory full of potted plants, with a teacup on the window ledge and a shelf of books.

Si estás aquí, quizá quieras entender mejor cómo funcionas. Este test no juzga qué clase de persona eres: muestra cómo te mueves en cuatro aspectos de tu vida diaria. En cada escena elige lo que más se parezca a lo que haces ahora, no a lo que te gustaría hacer. Son treinta y dos escenas, unos seis minutos, y al final verás cuatro escalas con las letras que salen y con qué firmeza. ¿Y si tu resultado tiene matices? Un resultado a medio camino no es un resultado a medias.

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Vuelves a casa tras una tarde larga con mucha gente. ¿Cómo sigue la noche?
Termina un documental sobre una ciudad antigua. ¿Qué cuentas a quien no lo ha visto?
Toca repartir un trabajo pesado dentro de tu equipo. ¿Cómo lo decides?
Es viernes por la tarde y queda un informe a medias. ¿Qué haces con él?
Se acerca tu cumpleaños y falta decidir cómo celebrarlo. ¿Qué montas?
Vas a cocinar la comida del domingo para toda la familia. ¿Qué eliges?
Alguien de tu equipo te enseña una presentación con un fallo importante. ¿Qué le dices?
Tu grupo ha votado el destino del viaje de verano. ¿Qué haces con las reservas?
Llegas a una cena de empresa y en tu mesa no conoces a nadie. ¿Cómo empiezas?
Alguien cercano cuenta que quiere dejar la ciudad para vivir en el campo. ¿Qué te sale decir?
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Existe una norma de entrega y alguien del equipo pide una excepción. ¿Qué respondes?
Tenías la tarde del sábado organizada y llega un aviso que cambia la hora. ¿Cómo lo llevas?
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Recuerdas una cena reciente en un restaurante. ¿Qué te viene a la mente?
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Te proponen subir a una atracción de caídas y giros. ¿Qué respondes?
Vas en tren mirando por la ventanilla. ¿Adónde se te va la cabeza?
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Ya entregaste un trabajo y ves que una parte se podría mejorar. ¿Qué haces?
En el trabajo te dan una buena noticia. ¿Cómo la vives?
Te presentan una idea nueva para el proyecto. ¿En qué te fijas?
Descubres un error de diseño en el proyecto de tu equipo. ¿Cómo lo planteas?
Llega una visita sin avisar cuando tenías la tarde planeada. ¿Qué haces?

Maryna Lyadneva psicóloga

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Cómo funciona este test

De dónde salen las preguntas, en qué se basa la escala y por qué el resultado no es un diagnóstico.

Cuatro dicotomías de preferencia (energía, percepción, decisión y cierre), decididas por separado a partir de conductas cotidianas autodeclaradas y combinadas en un código de cuatro letras.

Autora Maryna Lyadneva

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Metodología

Cada dicotomía del test es una escala continua que se corta en dos: ese corte es lo que da la letra. Por eso una posición cercana al centro es la parte menos estable del resultado y la que con más probabilidad cambia al repetir, lo que describe la fiabilidad test-retest, la consistencia entre dos aplicaciones. Una posición muy inclinada hacia un polo resulta más estable.

El test parte de cuatro dicotomías de preferencia, cada una emparentada con una dimensión de personalidad que se estudia por separado. Las preguntas están escritas para este test: treinta y dos escenas cotidianas, ocho por dicotomía, y cada dicotomía se decide sola. Las cuatro letras ganadoras componen el resultado.

La cuarta escala se solapa en parte con el orden cotidiano, que no es lo mismo que cerrar decisiones. Una descripción amplia y halagadora suele parecer exacta aunque sea general (efecto Barnum), de modo que los textos de resultado son hipótesis, no sentencias. Existe además otro modo de tipificar, basado en el significado del lenguaje natural y no en la conducta autodeclarada: es un método distinto, ni mejor ni peor. Y el test no aporta evidencia sobre aptitud profesional ni compatibilidad, no es clínico y no predice conductas.

Este test no es una herramienta diagnóstica ni sustituye a un especialista. Los códigos de tres y de cuatro letras simplifican escalas continuas, y el resultado puede cambiar al repetirlo. Tampoco es una versión oficial de las tipologías a las que remiten esos códigos.

Preguntas

¿Qué significa cada letra de mi resultado?

Cada letra resume una elección entre dos polos: E o I para la energía (hacia fuera o hacia dentro), S o N para la percepción (lo concreto o lo posible), T o F para la decisión (criterios impersonales o efecto en las personas) y J o P para el cierre, llamado aquí racional o irracional (cerrar o dejar abierto). Cada elección se decide aparte, y las cuatro ganadoras, siempre en ese orden, componen el código.

¿Puedo obtener un resultado distinto si repito el test?

Sí, es normal que el resultado cambie. Lo que se mueve es la letra cuya escala quedó pegada al centro, porque allí basta una respuesta distinta para inclinar la balanza; las letras muy alejadas del centro tienden a repetirse. Esto habla de lo estable que es este test, no de cómo son otras personas.

¿Qué precisión tienen los tests de personalidad?

Sirven para ver tendencias, no para medir con exactitud. Cada escala se apoya en ocho respuestas dadas por la propia persona: alcanza para orientar, no para fijar un punto exacto. Que las tendencias existan no quita que su medida tenga margen.

¿La personalidad es un espectro o hay tipos distintos?

Es más bien un espectro. Cada letra sale de cortar una línea continua en un punto, así que dos personas muy próximas a ese punto pueden recibir letras opuestas, y su conducta no forma dos bloques separados.

¿En qué se diferencia un tipo de un rasgo de personalidad?

El tipo es un resumen; el rasgo es la medida de fondo. El rasgo indica dónde está alguien entre dos extremos, con todos los puntos intermedios. El tipo es la etiqueta que resulta de quedarse con el lado ganador de cuatro rasgos, y por eso pierde matices que el rasgo conserva.

Fuentes
  1. Jung, C. G. (1921/1971). Psychological Types (H. G. Baynes, Trans., rev. R. F. C. Hull). Princeton University Press.
  2. McCrae, R. R., & Costa, P. T., Jr. (1989). Reinterpreting the Myers-Briggs Type Indicator From the Perspective of the Five-Factor Model of Personality. Journal of Personality, 57(1), 17–40. doi:10.1111/j.1467-6494.1989.tb00759.x
  3. John, O. P., & Srivastava, S. (1999). The Big Five trait taxonomy: History, measurement, and theoretical perspectives. In L. A. Pervin & O. P. John (Eds.), Handbook of Personality: Theory and Research (2nd ed., Vol. 2, pp. 102–138). Guilford Press.
  4. MacCallum, R. C., Zhang, S., Preacher, K. J., & Rucker, D. D. (2002). On the practice of dichotomization of quantitative variables. Psychological Methods, 7(1), 19–40. doi:10.1037/1082-989X.7.1.19